jueves, 22 de mayo de 2014

La necesidad de reducir los residuos



El mejor residuo es aquel que no se genera. Con esta máxima, que contiene un mensaje claro y directo, los colectivos que trabajan por la reducción de residuos nos quieren trasladar la idea de que, mucho antes de centrarnos en el reciclaje, lo que hace falta urgentemente es reducir nuestro volumen de desechos. Una buena manera de hacerlo es practicando un consumo más responsable y sostenible, esto no significa dejar de comprar, sino que tarde o temprano tendremos que incorporar el concepto ambiental en el acto de la compra para elegir, entre dos opciones similares de un mismo producto o servicio, aquella que nos obligue a gestionar y generar menos residuos.

Pero para llegar a hacerlo habría que tener una oferta de consumo en este sentido, podríamos pensar no sin razón. Y, efectivamente, es por ello que las autoridades ambientales trabajan para tratar de consolidar e impulsar acuerdos voluntarios de prevención de residuos con los diferentes sectores productivos, de servicios y de la distribución. El objetivo es que apostar por una reducción de los residuos en el acto de la compra sea una posibilidad real para todos nosotros y no una utopía, como lo ha sido hasta ahora. Porque es en actuar como consumidores cuando tenemos la sartén por el mango, y si premiamos o castigamos con nuestra elección ecológica los productos, puede que las empresas se lo acabarán pensando eso de poner tantos residuos en el punto de venta. Posiblemente estamos a un paso de lo que los expertos llaman "el infarto de los residuos", es decir, el momento en que los diferentes métodos de gestión y tratamiento ya no dan abasto y el sistema se colapsa. La razón es muy sencilla: en un mismo territorio somos cada vez más gente y, además, cada uno de nosotros, sea por culpa de las marcas o no, pero en todo caso debido a la espiral consumista que nos atrapa, "compro, luego existo" es el axioma que más triunfa en nuestra sociedad, genera cada día más y más desperdicios, porque no sólo consumimos más, lo que pasa es que lo que compramos tiene cada vez un ciclo de vida más corto. Dicho de otra forma, nos hemos instalado cómodamente en la cultura del comprar por usar, tirar y volver a comprar, girando en todo momento como el hámster dentro de su rueda.

Los ejemplos son abundantes: ha desaparecido la venta a granel, aquella que obligaba al consumidor a llevar el envase para llenarlo de aceite, de vino o de colonia. También ha caído en desuso la bolsa de pan de algodón, la de toda la vida, la cesta y el carrito de la compra. El tendero ya no nos pide el envase de la cerveza o la leche, y es mucho más cómodo pasar por la sección de refrigerados y coger el paquete de plástico del jamón que hacer cola en la charcutería. El resultado es simple, en treinta años el peso de la bolsa de basura ha pasado de los 450 gramos de entonces a más de un kilo y medio aproximadamente hoy en día.



¿Quiere decir esto que, cuanta más renta y más calidad de vida, más residuos? La respuesta es categórica; no. De hecho, los países escandinavos, con una renta más elevada que la de nuestro territorio, mantienen unos niveles de generación de residuos mucho más equilibrados. Lo que ha pasado en la sociedad actual es que los fabricantes y los distribuidores se han aprovechado de la debilidad legislativa del sector y nos han llenado las estanterías de los supermercados de envases y embalajes alegando motivos de seguridad alimentaria, pero de hecho, en buena parte de los casos, son una simple maniobra comercial que tiene que ver únicamente con estrategias de marketing simplemente. Un ejemplo clarísimo lo tenemos en el cartón que contiene la pasta de dientes, este embalaje, que se convierte en residuo de manera automática cuando nos disponemos a utilizar el producto, sólo obedece a la necesidad del fabricante de apilar el producto en el punto de venta, no hay ninguna otra motivación. Como con el tubo, poco estable, no pueden hacer aquellos murales en las estanterías de las grandes superficies comerciales, los ponen dentro de una caja de cartón casi nunca reciclado que sí les deja hacer pilas de pasta de dientes. Si los fabricantes colocaran los tubos de dentífrico (producto de gran consumo) de manera individual en unas bandejas/expositor, nos ahorraríamos una cantidad considerable de cartón y reduciríamos el volumen de los desechos.

Reparar para reducir

Si hace unos años se hizo famosa la teoría de las tres erres, aquella que proponía reducir, reciclar y reutilizar como principales herramientas de participación ciudadana para practicar lo que entonces se llamó la ecología doméstica, hoy en día habría que sumar dos erres más para completar la teoría: reparar y restaurar.



La cultura de la reparación, de dar una segunda oportunidad a un aparato antes de tirarlo al vertedero y comprar uno nuevo, se ha convertido en una parte definitoria de nuestro carácter ahorrador lo largo de los años. En cambio, las nuevas tendencias de mercado, más partidarias de promover el concepto del "usar y tirar" para favorecer el consumo, han terminado arrinconando este pensamiento hasta el punto de que hoy son pocos los usuarios que llevan el televisor a reparar cuando se estropea . Incluso cuesta encontrar comercios que se dedican a este tipo de trabajos. Recuperar este pensamiento es una buena manera de practicar la ecología doméstica. Se trata de alargar la vida de los objetos que compramos para evitar el residuo prematuro y que tiene su punto de partida cuando adquirimos un artículo de cualquier tipo: electrodomésticos, utensilios de cocina, pasando por herramientas de bricolaje y muebles. Es importante optar por que estén bien hechos, aunque no sean los que impone la moda o no representan la última tendencia del diseño. Y lo más importante, debemos observar si podrán ser reparados cuando se rompen, una circunstancia que alargará notablemente su vida útil.




martes, 29 de abril de 2014

Los impactos de la Revolución verde en el Tercer Mundo


La agricultura y el mundo rural actual están muy lejos de lo que un día fueron antes de la irrupción de la Revolución verde, y no sólo en los países denominados "ricos", sino también en los subdesarrollados. Exceptuando los sistemas agrarios tradicionales, en la mayor parte del planeta triunfa una agricultura cuyo no es satisfacer las necesidades de alimentación de la familia y el comercio local, sino las de un mercado urbano que cada día abarca un porcentaje mayor de la población y en que están ausentes las tareas agropecuarias.

En los países "pobres" el impacto de la Revolución verde ha sido muy diferente, a pesar de tener mejores condiciones para la agricultura, depende para su alimentación de los países desarrollados. Los medios necesarios para la producción agrícola están controlados por empresas foráneas, además, los países ricos no sólo son autosuficientes, sino que son capaces de poner en el mercado de los países pobres alimentos a precios más baratos que los que ellos mismos producen. De esta manera, los campesinos de estas regiones están condenados a la pobreza. Una de las bases sobre las que se sustenta el problema del hambre en el mundo no es tanto el coste de transporte de los alimentos de un país a otro, sino que en los países pobres no hay dinero para adquirir unos alimentos producidos en el mundo desarrollado. Otro de los problemas de la agricultura en el Tercer Mundo es que los canales de distribución de los alimentos están en manos de grandes empresas con sede en los países ricos, en realidad son pocas, lo que les permite controlar el mercado. Estos mismos que abogan por el liberalismo económico en el comercio internacional, son los que conforman un monopolio, de hecho, sobre la distribución de los productos.



La tendencia en la agricultura en los países del Tercer Mundo es a abandonar la agricultura tradicional y dedicarse a la agricultura de plantación, pero el mundo desarrollado no necesita de la mayoría de sus productos. Los productos que estos países pueden ofrecer son alimentos exóticos y de lujo. Además, en caso de crisis económica, como la que sufrimos actualmente, son los primeros productos de los que se prescinde. Por otro lado, la agricultura tradicional es incapaz de alzarse como dominante en el mercado de sus países, por lo que acaba convirtiéndose en una agricultura de subsistencia, cuando debería de satisfacer la demanda de un mercado nacional, como ocurre con los agricultores de los países desarrollados (aunque esta afirmación también podríamos matizarla).



El mundo rural del Tercer Mundo está polarizado en tres sectores; los empresarios agrícolas dueños de las plantaciones, los jornaleros que trabajan en ellas y los agricultores tradicionales. Los avances de la Revolución verde en el Tercer Mundo pueden ser muy positivos pero siempre y cuando se desarrollen circuitos de producción y consumo locales y nacionales, ademas de intentar paliar esa enorme desigualdad de oportunidades existente, algo francamente difícil de conseguir. Y sólo una vez satisfecha la demanda interna es posible considerar la exportación. 



miércoles, 26 de marzo de 2014

Aproximación al problema ambiental



Antes de entrar en la consideración de las posibles formas para buscar soluciones a la crisis ambiental que estamos padeciendo -y que tiene la apariencia de ir empeorando con el paso del tiempo a pesar de la innegable tarea que se está llevando a cabo- es necesario concretar, aunque sea de manera concisa, el aspecto que verdaderamente condiciona la problemática que no es otra cosa que lo que entendemos por ambiente o medio ambiente, y seguidamente iremos adentrándonos en la naturaleza de los problemas que le afectan y como lo percibimos nosotros.

¿Qué es el ambiente?

Si apelamos a una definición académica podríamos decir que el ambiente es un conjunto de elementos físicos, químicos y biológicos -naturales o creados por el hombre- que posibilitan la existencia, la transformación y el desarrollo de organismos vivos. Un ecosistema, por otra parte, es una unidad básica de interacción de organismos vivos entre sí y sobre el ambiente en un espacio determinado. En el caso de nuestra especie, el medio ambiente, además de ser un espacio con componentes físicos, químicos y biológicos, comprende también elementos simbólicos, culturales y sociales fruto de de la indiscutible relación de interdependencia y reciprocidad de causas y efectos que existe entre cada uno de nosotros (la sociedad) y el medio (la naturaleza). Es esta última explicación de lo que es el ambiente la que condicionará las posteriores reflexiones.

Naturaleza de los problemas ambientales: la raíz social

Actualmente existe un creciente reconocimiento, aunque muy minoritario, de que la tecnología, la ciencia en general y la tarea de todos aquellos que trabajan de una manera o de otra por el medio ambiente no pueden resolver los problemas ambientales por sí mismo, a pesar de realizar una extensa labor y proporcionar alternativas en el manejo de esta crisis ambiental. 

Las causas que han producido la particularidad de la amenaza y de la destrucción del medio ambiente natural son, antes que nada, problemas de índole humana y cultural, las raíces de las cuales se encuentran en el orden económico y social que determina las formas de vida de una sociedad. Es decir, es más un problema de las ciencias humanas que de las ciencias naturales, ya que desde el punto de vista de estas última disciplina las soluciones son factibles y efectivas. Es más, contrariamente a lo que se suele creer, no existen problemas ecológicos propiamente dichos, puesto que no hay ninguna crisis en el funcionamiento de los sistemas naturales, no falla ninguno de los mecanismos ecológicos de base. Por contra, a lo que nos enfrentamos es a serios problemas socioecológicos, es decir, a conflictos ambientales de origen social como consecuencia de las deficiencias que se dan en el funcionamiento de los sistemas sociales en relación a su adaptación al medio. Por eso, a la hora de afrontar desequilibrios ecológicos y problemas ambientales (que como hemos indicado están formados por una mezcla de elementos naturales, socioculturales y económicos), necesariamente tenemos que incluir la comprensión de los aspectos sociales como una parte de estos desequilibrios, ya que su solución se encuentra fundada en gran parte en la misma lógica social que éstos contienen y a las cuales se deben. Así, el grado en que la crisis ambiental pueda ser manejada dependerá de los cambios que se realicen en el comportamiento de uno mismo y de la sociedad. Si el hombre, con su sistema social es el que ha llegado a ser el principal o mayor factor para el desequilibrio, parecería inadecuado que las políticas ambientales, la investigación y la educación se concentren casi en exclusividad en las manifestaciones de daño y que se preste poca atención al comportamiento humano como causa principal.



En conclusión, la solución a la crisis ambiental pasa por ineludible replanteamiento de la forma de vida que lleva el ser humano, en definitiva, del cambio de sistema de desarrollo mundial: del actual a uno más sostenible. Además, esta reformulación necesita inevitablemente implicar a todo el conjunto de la sociedad en todo el proceso que se debe seguir para conseguirlo, ya que las soluciones tecnocráticas resultan insuficientes para abrazar una tarea tan vasta. Este cambio no se tiene que considerar y tratar como una convulsión, sino más bien como el curso natural del progreso y la evolución. Porque si errare Humanum est, de sabios es rectificar, y así es como se tiene que enfocar la crisis ambiental que ya hace tiempo estamos padeciendo como un error de adaptación social al sistema ecológico de la Tierra, y cuando digo social digo también tecnológico, económico y cultural. De igual manera la solución al desajuste socioecológico pasa por transformar el actual sistema social y adaptarlo como sea necesario para conseguir el desarrollo sostenible.



Las personas llevamos adaptando nuestras sociedades desde el principio de nuestra existencia, la diferencia es que ahora el cambio es mayor, más global, más complicado, más comprometido, más decisivo; pero también puede ser más consciente, más reflexivo, más dirigido. Y es en esto en lo que nos jugamos el futuro de la humanidad como especie y de la mayoría de los seres vivos del planeta. 

 

martes, 11 de febrero de 2014

El senderismo

"Las pasiones humanas son un misterio: los que se dejan llevar por ellas no pueden explicarlas y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay seres humanos que se juegan la vida por subir a una montaña. Nadie, ni tan solo ellos, pueden explicar realmente el porqué"

La Historia Interminable, Michael Ende



Senderismo, excursionismo o "trekking" son palabras que a menudo hemos escuchado nombrar para una misma práctica deportiva, pero en realidad se trata de actividades diferentes. El senderismo es una actividad no competitiva que se practica a pie y se desarrolla por caminos y sendas, tradicionales o no, situadas en el medio natural, mientras que el excursionismo consiste en realizar rutas por el medio natural, generalmente a pie, en bicicleta, caballo o  raquetas de nieve, con una finalidad recreativa. El "trekking" consiste básicamente en caminar durante varios días por zonas de montaña, preferiblemente aisladas de la civilización. Al final, todo se reduce al acto de caminar, que, en definitiva, es la forma más antigua de desplazamiento de las personas y animales a través de las montañas y valles. Una actividad que con el paso del tiempo va ganando adeptos. Además de practicar un deporte, las personas buscan un mayor acercamiento a la naturaleza que los aleje de la rutina y el estrés de la vida actual.

Caminar o pasear por el campo no requiere ninguna condición física ni una edad mínima, el ritmo y el nivel de esfuerzo lo marca cada uno de nosotros. El senderismo igual implica un mayor esfuerzo físico, ya que el estado de forma del excursionista determinará el grado de dificultad y distancia que podrá alcanzar. Como deporte, el principio básico del senderismo es la mejora física y psíquica de los participantes, además, favorece la recuperación y la interconexión entre las personas, el medio rural y la naturaleza. 

Asimismo, el senderismo requiere ciertas "normas" que vamos a resumir en esta serie de recomendaciones:


- La premisa esencial del excursionista consiste en dejar los lugares por donde camina como si no se hubiera estado nunca. Mostrar en todo momento un respeto absoluto por la naturaleza y el entorno, no molestar los animales ni arrancar ninguna planta, en especial las protegidas. No abandonar ni enterrar ningún tipo de residuo, orgánico o no. Adoptar por norma la costumbre saludable de llevároslos. No se debe marcar la roca con graffitis ni hacer señales con la navaja en los troncos de los árboles. 

- Hay que informarse del tiempo, los cambios bruscos de tiempo en la montaña son muy frecuentes. Evitar los barrancos durante la estación lluviosa: otoño y primavera.

- Antes de salir preparar la excursión: estudiar los mapas y la dificultad del recorrido. 

- Tener en cuenta la capacidad física de cada uno, escoger recorridos que se adapten a vuestras posibilidades, ajustadas al compañero que menos preparado se encuentre; evitar salir a la montaña sin compañía.

- Preparar el material adecuado: unas buenas botas de montaña, pantalones resistentes, proveerse de alguna gorra, gafas de sol, camisetas transpirables, polar en tiempos de frío...

- Llevar agua y comida por encima de vuestras propias estimaciones.

- Colocar en la mochila un impermeable y un botiquín básico de primeros auxilios. 

- Suelen estar indicadas las direcciones a seguir durante una excursión, aun así, es conveniente llevar con nosotros una brújula.

- No encender fuego bajo ningún concepto.

- Finalmente, buscar nuestro ritmo, encontrarnos cómodos y no abandonarlo. Hay que recordar que no practicamos ningún deporte de competición.

Tipos de sendas

Las sendas de pequeño recorrido (PR) que reúnen la mayor parte de los itinerarios, se pueden realizar en poco tiempo, como mucho una jornada, con un trayecto muy inferior a los de gran recorrido (GR) señalizadas con pintura roja y blanca. Son sendas señalizadas con pintura blanca y amarilla y cada comunidad autónoma ha establecido una numeración que las identifica. Otra alternativa son los senderos locales (SL), con itinerarios inferiores a 10 Km y señalizados con colores verde y blanco. 


La red de senderos de la Comunidad Valenciana se ha definido gracias al trabajo de entidades excursionistas, asociaciones comarcales y municipios interesados y se han recuperado antiguos caminos de montaña que en otras épocas comunicaban las poblaciones.

lunes, 20 de enero de 2014

El mundo rural en los países desarrollados


Os habréis dado cuenta que en los países desarrollados el mundo rural ya no es predominantemente agrícola, los modernos agricultores se constituyen en empresarios cuya actividad es la producción de productos alimenticios, plantas, animales etc. para la industria: tabaco, aceites, cuero, biocombustibles...Posiblemente la producción no tenga nada que ver con los cultivos tradicionales de la región, sino que responde a la demanda de un mercado nacional. Además, la Revolución Verde permite llevar la empresa recurriendo a poca mano de obra, de esta manera, muchos de los habitantes del mundo rural ya no tienen porqué dedicarse a las labores agrícolas.

Hoy en día en las zonas rurales hay muy poca gente que viva de la agricultura, es más, la economía de estas zonas ha dejado de depender de la producción agrícola. La dedicación del campo a otros menesteres ha transformado radicalmente su uso debido a lo que la sociedad actual demanda.

Las zonas rurales más próximas a las ciudades están sufriendo cada vez más una invasión física por parte de funciones urbanas: industrias, infraestructuras, ocio y segundas residencias. El caso de la invasión residencial es especialmente llamativo desde finales del s. XX, la mejora de las comunicaciones y la facilidad del transporte ha permitido que la distancia entre el lugar de trabajo y el de vivienda sea cada vez menor.


No obstante el mundo rural de los países desarrollados también sufre problemas, sobre todo aquellas regiones que quedan fuera de los grandes ejes de comunicación. Estos pueblos no pueden buscar su desarrollo en la producción agrícola, a no ser que se haga una apuesta por la excelencia de sus productos. La sociedad actual quiere conservar el mundo rural por sus valores culturales, pero no se puede apostar por una conservación arqueológica que evite el desarrollo económico de quien vive en estos municipios rurales, sólo unos pocos de ellos pueden convertirse en "jardineros del monte" y algunos más dedicarse al turismo rural, pero lo que está claro es que se deben abrir más perspectivas de desarrollo para que los pueblos no terminen por despoblarse.

El estudio de las posibilidades de desarrollo es lo que se viene conociendo como desarrollo local, y, aplicado al mundo rural, desarrollo rural. El desarrollo local es un concepto que ha variado mucho con el paso del tiempo, si en la década de 1980 se refería a las posibilidades de desarrollar circuitos de explotación y venta locales, en la actualidad, y debido a la presión de una política "espectáculo", significa cómo introducir los recursos locales en los mercados nacionales e internacionales. La idea directriz del desarrollo local es potenciar los recursos endógenos de manera que puedan gestionarse de un modo permanente en los mercados actuales.

La situación del mundo rural en los países desarrollados no es casual, han sufrido la concentración de la población en grandes ciudades y desvinculada de las tareas agrícolas condicionada por el desarrollo de una sociedad industrial primero, y de servicios después. Además, el regreso de parte de la población a zonas rurales cercanas a la ciudad es producto de una urbe que ha terminado congestionada, estos son los "urbanitas" que viven en el campo. Pocos ejemplos quedan de vida rural de la que tanto nos han hablado nuestros abuelos en los países desarrollados, como en todo, están empezando a adaptarse a lo que demanda el modo de vida actual.


martes, 10 de diciembre de 2013

¿Realmente sabemos qué es la Climatología?


La Climatología es una rama de las ciencias de la Tierra que tiene como objeto de estudio el clima y el estado del tiempo atmosférico o meteorológico y sus variaciones a lo largo de un determinado período cronológico. Tanto el clima como el tiempo actúan en la atmósfera.

Si bien la climatología utiliza los mismos parámetros de medición que la meteorología, la diferencia radica en que la climatología no hace previsiones inmediatas, sino que estudia las características climáticas de una región geográfica a largo plazo. Por esta razón, para establecer qué tipo de clima hay en una zona es imprescindible la observación prácticamente constante durante un largo período de tiempo de los valores que proporcione la temperatura, la humedad, la presión atmosférica, las precipitaciones, los vientos, los fenómenos naturales y los tipos de tiempo que se dan en las estaciones del año. Para ello, la Organización Meteorológica Mundial estableció que dichas observaciones deben realizarse durante treinta años como mínimo, aunque otros estudiosos de la materia sostienen que deben hacerse observaciones durante cien años o más para poder registrar de manera más eficiente las variaciones que se puedan producir.

Una vez recopilados los datos, se transcriben en tablas de valores y que a su vez se reflejan en climogramas, los climogramas son gráficos que representan año tras año las variaciones de temperatura y precipitaciones que se dan en un lugar determinado.


Dentro de una región geográfica con un determinado tipo de clima, pueden presentarse zonas con climas locales o climas diferenciados del clima zonal, éstos pueden ser:

- Topoclima: es el clima resultante de la interrelación entre clima y topografía, es decir, aquel que se encuentra en una unidad topográfica de escala local y que en consecuencia es afectado por la geomorfología, hidrografía y demás factores geográficos de ese reducto. Una ciudad, una ladera o los valles son ejemplos de topoclimas.

- Microclima: es el clima (natural o artificial) que no puede subdividirse por encontrarse en un ámbito muy reducido.

En períodos muy largos el clima tiende a ser regular en una región, lo que determina la evolución de su ciclo geográfico y los tipos de suelos zonales y de vegetación que se desarrollan allí. Esto mismo sucede en períodos geológicos, donde el ciclo geográfico también muestra una evolución: el clima y el tiempo también se van modificando naturalmente y se pasa de un clima a otro en la misma zona geográfica.

Desde los comienzos de la geografía, los estudios sobre climatología ha sido un tema que siempre ha preocupado debido a que muchísimas actividades humanas dependen de las condiciones atmosféricas. De hecho, ya el astrónomo, químico, matemático y geógrafo Claudio Ptolomeo le dedicó a la variación global de los climas una tercera parte de su libro "Geographia".  


martes, 19 de noviembre de 2013

La ciudad y la Geografía Urbana


Desde tiempos del Neolítico, la ciudad ha sido el modelo de convivencia de todas las culturas humanas, y por eso mismo ha sido, desde el principio, objeto de estudio de la Geografía. No obstante, es sólo tras los esfuerzos de reconstrucción de las ciudades europeas concluida la Segunda Guerra Mundial, y el desarrollo de las grandes ciudades en Estados Unidos, cuando la Geografía Urbana adquiere verdadera importancia. A partir de entonces la Geografía Urbana se convierte en un elemento clave para organizar el espacio de las ciudades.

Pero ¿estamos seguros de entender qué es una ciudad? Lo cierto es que el concepto de ciudad ha ido cambiando a lo largo del tiempo, y no es el mismo según las distintas zonas del planeta. Ciudades famosas en la Antigüedad hoy nos parecerían pequeños pueblos. En realidad, lo más característico de una ciudad es su capacidad de organizar el espacio existente a su alrededor, y esto lo consigue gracias a dos características: su función y un centro urbano que sirve de referencia a la población del entorno inmediato y la periferia.

Toda ciudad se encuentra en un emplazamiento, es decir, en una localización concreta, pero además, está relacionada con el entorno y con otras ciudades, lo que se conoce como situación. Se puede determinar una jerarquía urbana en la que se pueden encuadrar las ciudades de cada país, el rango más bajo son los pueblos con funciones urbanas en las que se encuentran los servicios básicos, mientras que el rango más alto son las ciudades que organizan todo el país, con funciones políticas o comerciales. 


Las principales funciones urbanas son:

1. La función comercial; que es la principal actividad económica en todas las ciudades.
2. La función residencial; puesto que en ellas reside la mayor parte de la gente.
3. La función administrativa; se concentran los centros de decisión públicos y privados.
4. La función cultural; ya que en ellas encontramos los principales centros de ocio y de difusión de ideas.

Todas las ciudades tienen varias funciones, aunque algunas de ellas potencian más unas funciones que otras, las capitales mantienen la función administrativa, mientras que otras son ciudades turísticas, industriales, etc. 

Las ciudades en las que vivimos se organizan en torno a un centro urbano, y dicho centro es la referencia de servicios de toda la ciudad y su entorno. Las ciudades tienen una forma, una morfología urbana pensada y planeada. El plano urbano no es casual, sino decisión de las autoridades de la ciudad. Además, cada barrio se especializa en una determinada función, así, hay barrios residenciales, comerciales, de ocio, turísticos, industriales, etc.


En definitiva, la ciudad es un sistema muy complejo que hay que desentrañar por partes, pero que funciona como un conjunto indisoluble y que organiza el entorno, alcanzando su influencia mucho más lejos de sus límites precisos.